sábado, 20 de enero de 2018

Prosa de los queridos muertos


La juventud murió cuando un amigo // me contó //que se había muerto Alfredo. 
Los livianos // ingenuos dieciocho // se fueron con su risa estrepitosa // y fue definitiva la adultez // con su aburrida  rueda de rutina.

En las dos décadas de esa noticia // casi todos han muerto // y caminamos // por un paisaje claro de fantasmas azules y florales// desvanecidas sombras // que señalan // con sus ojos vacíos cada una un universo de aire maravillado // un continente virgen // a cuya vera llegábamos ansiosos de riqueza // piratas locos // por el tesoro que dormía en calladas bibliotecas // ladrones ciegos de innúmera riqueza // viciosos descarados sedientos del placer de la belleza.

Ahora aquí // accedimos al pórtico sagrado // y esperamos aun que se abra la puerta // y nos deje ingresar al paraíso // 
a robar // a compartir // a morder 
al menos el bagazo de la fruta del dios // de su palabra. 

Pero los guardianes se marchan // se evaporan// se suben a las nubes // y nos caen diluidos en lluvia  // sobre la mustia cara // la cara ésta que el espejo rechaza // la cara que no nos dice nada // la cara que no ríe ni llora // la cara que solo tiene un gesto desolado  // de orfandad sin guitarras.

Andaremos // este ancho limbo grisáceo y aturdiente // solos // abandonados // se han muerto todos. Es larga // interminable la lista de los que nos han dejado. 

Alguno nos sonríe // con su cara senil // pálida y seca. // Otros nos dan la espalda // los más, nunca sabrán que los amamos. // No hemos tenido la oportunidad de hacérselo saber. // Todo está viejo // y ellos han muerto. 

Ellos están muertos // no se fueron // no volaron // no están en el cielo // solo se han puesto demasiado viejos // y se han muerto. // Detrás se arrastra nuestro achacoso tiempo.


                                                                          (Foto Memphis No)

http://hoguera-arbol.blogspot.com.ar/2015/05/prosa-de-los-queridos-muertos.html

viernes, 12 de enero de 2018

Aquí y ahora


Gorriones enhebrando sus trinos cristalinos
y el aire lloviznado mojando los recuerdos.

Así pasó el silencio de la liviana infancia,
también se fue a saltitos de gorrión inconsciente
la simple adolescencia con sol y bicicleta.
   Un árido paisaje acorraló
los días juveniles;
                                 y luego…
pintamos de palomas las siestas luminosas.
   Ahora las amapolas
asoman cuatro hojas de tierna persistencia
y ha de soñar agosto
con sus primeras flores.

   Es muy buena la vida
si hemos llegado al borde de un jardín
que promete sus florecidos dones
después de tanto erial
                                   cruzado en carne viva.
   Tal vez nunca veremos
la frescura del pétalo que abrió
su rozagante candor
bajo mi ruda mano de jardinera;
pero en calladas sombras
esta cansada mano
seguirá dibujando senderos y palabras
                                                                   más allá de la vida,
                                                                   más allá de la muerte.


                                                       Por algo dios y yo somos tan parecidos.

http://hoguera-arbol.blogspot.com.ar/2013/07/aqui-y-ahora.html