domingo, 26 de noviembre de 2017

Gauchescas para el recuerdo 

Aquí me pongo a cantar
al compás de los recuerdos,
la historia de aquellos genios
que llamaron los rebeldes.
Pido al Maestro Sarmiento
me asista en esta ocasión
y me otorgue bendición
en tan difícil momento.

También pido a los amados
que para el cielo se fueron
que me cubran con el manto
sagrado de su recuerdo;
y a los que estamos aún
sobre esta tierra bendita
los saludo aunque no hayan
asistido a nuestra cita.

Emocionada y sincera
creo que hoy es oportuno
decir en nombre de todos,
sin olvidar a ninguno
de aquel tiempo esplendoroso
de juvenil entusiasmo,
cuando el mundo era una rosa
floreciendo en nuestras manos.

En el be había un rejunte
mayormente interesante,
ellos eran un surtido
de duplicados notables:
venían de a dos las Buyatti,
las Romero y los López,
de a dos los Skuletich
y las disímiles Gómez.

Seis versos para ellos solos
a los Drasich les dedico:
Jorge Eduardo tan formal,
de rostro delgado y fino,
José Antonio… José Antonio,
como el del poncho de lino.
También están los Rajoy
y veo a la Irene Pintos.

Es groso nombrar a todos,
pero haremos el esfuerzo:
Aguirre, Alvarez, Ciam,
Bastacine y Luis Saucedo,
Jorge Díaz, el cantor,
delicado guitarrero,
“Ladrón de amor” adornando
 los altares del recuerdo.

Acá viene Colman Miriam,
también Silvita Insaurralde,
amiga de bravos días;
la Tina de aquel entonces,
que Peralta se apellida,
y en la curva del recreo vuelvo
a ver a Alberto Maria.

Rajczakowski, Resconi,
Wettstein, Wlozovicz y Sarchuk,
descendientes de la Europa
bajo este trópico azul,
con Yoly Silva y Segovia
ilustraban el crisol
de esta zona ruda y verde,
crucificada de sol.

Quise que todos tuvieran
su lugar en el renglón
 si alguno quedó innombrado
aquí le mando una flor,
 mucho más podría decirse
pero nos urge contar
los delirios y locuras
que teníamos en el A.

Es difícil olvidar algunos
que se marcharon
y en la curva de los días
de nosotros se olvidaron,
como la Mónica Vargas
que escapó despavorida
tratando de distanciarse
de las malas compañías.

Y aquel Alfredo Pajón,
galán de gastado splin,
con el que nos embrollamos
en discusiones sin fin;
aunque es hora de que hablemos
de este grupo complicado,
no sé cuanto se podría
contar del tiempo pasado.

Me proteja la Pochita
desde la luz donde está,
para que mi verso
diga solamente la verdad
y no entrampe mis recuerdos
en argucias de sofista,
y evite cantar verdades
por decir cosas bonitas.

Ahora con el permiso
de los que oyen el relato
hablemos de aquellas habas
ya que hay fuego para rato;
y seis o siete tertulias
en los rincones del rancho,
siempre hacen nido aparte
 los gorriones y el carancho.

En un extremo se agrupa
 la Elsi con su bandada
 liderando entusiasmada
 travesuras y trifulcas;
Gladis, Griselda, Analía,
secundaban a su vez,
y rondaba por allí
la Nancy… que en gloria esté.

Hubo durante algún tiempo
de ese lado del salón
grata gente que tocara
con su luz el corazón,
Mariela y Raquel estaban
también en aquellos bancos,
todavía nos halaga
la ternura de su abrazo.

Con el Ruly y con el Roly
por allí rondaba el Rodo
y había una niña Funes,
que no se sumaba al coro,
aunque bien equilibraba
la terrible Pupi Betjan,
más peor que el viento norte,
si decirlo me lo dejan.

Al centro, el Emilio Vega,
llevado de la solapa
por su dulce compañera,
amores de aquellos días
que tal como mariposas,
vivieron solo el minuto
que se le otorga a la rosa.

Hubieron otros detalles
que adornan el cielo aquel
que en fotos de blanco y negro
borronea su oropel:
Alicia, como en los cuentos,
Delia, juiciosa y seria,
Graciela, la de la gracia,
Liliana y sus castañuelas.

En algún rincón, callaba
y tranquilo sonreía,
más bueno que el pan casero,
el Hector Omar Elías
y en los bancos del final,
cerca de Norita y Tere,
Huachita y Tuni apañaban
charlas de tono inocente.

Teníamos categorías
de muchachas muy modosas:
la Salinas y la Rundio
eran serias y estudiosas,
Mabel y Glenis ponían
otro toque de recato,
ramo fresco de sonrisas
que resguardo de los años.

Revolotea el temblor
de tus pestañas coquetas,
fingiendo siempre el asombro
o burlando la tristeza,
eras ubicua en el aula
María Silvia, la princesa
que jugaba ingenuamente
a hacerse la vampiresa.

Y en aquel rincón tranquilo
donde moría el barullo,
Mirta y Normi construían
su interminable interludio,
mientras el trono de bellas
se adornaba sin medida
con Margo chispeante  estrella,
con Isabel, rubia espiga.

Pero aquella distinción
entre el be y el a no era
ni distancia ni barrera
para andar siempre mezclados,
y era tanta la amistad
que ambos cursos acordaron
irse juntos de pachanga
 y hasta Carlos Paz llegaron.

Mientras tanto acá quedamos
 unos cuantos inocentes
aguantando la sonaja
de los profes insistentes,
mientras ellos por los cerros
de esa Córdoba preciosa
 iban siempre entretenidos,
sin pensar en otra cosa.

Y fue tanto el entusiasmo
que trajeron al volver
que de narrar no pararon
esos cuentos de placer
y más de uno siguió
hasta diciembre embalado
por alguna que otra nota
que se le había atascado.

Más no importan los aplazos,
cuando fue maravilloso
olvidar en el abrazo
el pavor de las lecciones
y una noche de septiembre
caminar la veinticinco
tras la reina más hermosa
que se pueda recordar.

Ah… tiempos! Si era una risa
el Orlando y la Preciada,
la Rosalba y la Sarita,
intentando desburrar
esa turba de anarquistas,
y ver como naufragaba
con reiterada ironía
su vocación reformista.

No podemos olvidar
a Liliana y María Otilia,
al Lolo… que me enseñó
a dormir la geometría,
esos profes de otro tiempo,
que no usaban fotocopia,
que dejaban en nosotros
esa chispa de su impronta.

Tanto hicieron todos ellos
cincelando la estulticia
que al final de todo un lustro
nos firmaron la franquicia;
y la historia mientras tanto
escribía oscuras sendas
y a la risa y al jolgorio
 le cobraba las prebendas.

Y aquí hagamos un silencio
y volvamos a mirar
aquellos días risueños,
 aquel lustro tan fugaz,
aquellas locas diabluras,
aquellos sueños que fueron
como livianas polillas
quemadas en luz de enero.

No nos cabe en el rosario
 la sarta de sueños rotos,
ni las cuentas de trabajos,
ni los dolores vividos,
pero aquí estamos de vuelta
y en nombre del tiempo ido,
felices y emocionados,
brindamos… por los amigos!


  *
Foto de Griselda Szoke


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