domingo, 1 de octubre de 2017

Tríptico de Margo y el vestido amarillo
I

Cual madura granada tu sonrisa
en noche diamantina desplegaba
resplandores de estrellas encantadas
ante el pórtico abierto de la vida.

Ojitos negros llenos de chispitas,
su gracejo de ingenua picaresca,
acompañaban la rosada y fresca.
aduraznada luz de tu mejilla.

De indiferente cisne, fresco cuello
establecía el ritmo acicalado
al río de silencio de tu pelo.

Y, en lo hondo del liviano talle esbelto,
un rojo corazón apasionado
atizaba la hoguera de los sueños.

II

Aleteaban tus manos laboriosas
sobre la trama tibia del tejido,
mullendo como a plumas en un nido
su amalgama de lanas y de rosas.

Claras manos de hostia y sacramento,
con las uñas esmaltadas de morisco
urdían delicadas el motivo
de travieso y mentido atrevimiento.

En tu cálida palma refulgía
el rosáceo fulgor de primavera
cuando rasga la cáscara del día.

Y por tal enumerada galanura,
cercamos de amarillas parameras
la corola gentil de tu cintura.

III

Y una noche dorada y luminosa
te paseamos por céntrica avenida
que esplendía fulgente y florecida,
rendida a tu belleza esplendorosa.

A veces, cuando llega primavera,
aún deslumbra tu boca de granada,
aún tu pelo aletea su cascada,
aún la estrella del cielo se despliega.

Entonces, de la plaza en sus orillas,
recupero la esencia de aquel vino
de dorado fluir de maravilla

que, cachorros de tierno desatino,
bebimos de la fuente de la dicha
inventada en la flor de tu vestido.

Foto: Memphis No

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