jueves, 12 de octubre de 2017

La música


   El padre cantaba. Galopas, guaranias y chamamés. La radio nos zamulló en la música pop. La Normi- Nurit nos introduzco en la música progresiva. Y la Preciada Levin nos enseñó la alegría de la música de su tiempo.
   A grito pelado cantábamos:
"En un bosque de la China 
una china se perdió 
y como yo era un perdido 
nos encontramos los dos. 
(.....)"
   La canción, que podría inscribirse en el género picaresco, fue censurada en el año siguiente por la pudibundez de Sarita Pajón.
-¡En un bosque de la China, Señorita! 
-No, nonono, "eso" no.
   Pero Preciada no solo nos hizo conocer aquella canción de ingenua provocación, sino también tangos y valses de delicado y vaporoso romanticismo. Y entre ellos venía, como una perla negra, con una belleza que, paradojalmente, nos resultaba exótica, una guarania.
   Con aquella música entreteníamos el camino de ida y vuelta y a veces andábamos todo el día desanudando, con malísimo oído, las deliciosas notas que siempre se nos escapaban. Así fue que el Virginio escuchó nuestro balbuceo y agarró la guitarra y cantó completa aquella guarania, mirando al cielo, como si en ese telón fueran pasando uno a uno los días de su juventud.
   Desde entonces, hemos querido con mayor ternura a aquella vieja graciosa que con voz cascada nos enseñó a cantar:
 "India... bella mezcla de diosa y pantera"


-@-

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