viernes, 7 de julio de 2017

El cantor

   ¡Aquellos años del 'nuevo folclore argentino'! Un tiempo mítico, desde donde lo quieras mirar. Fuimos los niños de los años sesenta: un universo de cambios estructurales e ideológicos en el mundo. Si, ya no solo en Occidente. El Oriente traía su dulce fragor animista, el viaje a la profundidad del yo, la plenitud de la consciencia, los monjes con sus túnicas color azafrán y la leyenda inspiradora de un gurú indú que hizo una guerra de independencia sin más armas que un cayado de pastor y con la mera protección de una cabra apacible. Occidente se escabullía de la tercera posición. La muchachada se rebelaba en Francia y en América Latina. El rock se hizo universal y la nueva ola dejó al aire las piernas de las mujeres y las melenas de los varones. Palito cantaba "la felicidad, ja, ja, ja..."
   Los años setenta arrullaron nuestra edad del pavo con el resplandor de la Utopía, y nos escupieron a los ojos la ponzoña pérfida del destripamiento de nuestros candorosos sueños. El escupitajo fue tan ácido que muchos perdieron para siempre el tercer ojo invisible, ese que desnuda lo profundo esencial. Y así quedamos, bajo el reinado de los tuertos, ensordecidos por la algazara de la idiotez.
   Pero, cómo seguiría la historia, no lo sabíamos aún, por lo que éramos juvenilmente dichosos, como corresponde serlo antes de los diecisiete. Así fue que, mientras que toda una generación era silenciada y masacrada, nosotros, los de entonces, cantábamos. Cantábamos ciegos y sordos a lo que acechaba en el destino, guiados por la voz y la guitarra de Jorge Díaz.
   Jorge era nuestro Carlos Torres Vila y no nos cansábamos de hacerlo repetir el tema estrella de su repertorio: 'Ladrón de amor'.
   Lo vimos, muchos años después, sobre el escenario del Pre-Cosquín de Santa Sylvina. Era el mismo Jorge Díaz de siempre, sencillo hombre de pueblo, enamorado del canto, cincelando sin descanso el ala esquiva con que echar a volar los sueños de juventud. Lo aplaudimos con emoción pero no fuimos a saludarlo. Nos quedamos por muchos días recuperando aquel aire del quinto año, cuando el cantor era la bandera sonora de nuestra promoción.



-*-