martes, 20 de junio de 2017


El paño azul

   Las heladas de la mañana oscura y las pestañas pesadas de rocío. El entusiasmo o la desazón, según fuera día de Liliana o el Lolo. El Lolo dictaba una matemática vacía de sentido que sacaba de un librito gris como su voz. Liliana leía metáforas y sucesos con una voz áspera y frágil, como su vida.
   Muchas veces también nos hacía leer a nosotros. Se enojaba cuando entonábamos mal o errábamos los acentos. Pero era feliz leyendo y nos contagió ese regocijo que da el contacto con el libro humilde, de autor sin ambiciones, el librito frágil que se atesora para siempre porque nos ayudó a crecer.
   "Shunko", de Jorge Washington Abalos fue nuestra lectura obligatoria en segundo año. Niños de raza india, otra lengua, otra cultura, temerosos de la cultura blanca, de sus instituciones, de sus rituales desconocidos y exóticos, niños campesinos habitan el libro.
   El primer día de clases Shunko se pone lindo y camina tembloroso hacia la escuela. Lo primero que ve es la bandera susurrante en lo alto de un algarrobo. "Anshka", piensa Shunko; azul... roja hubiera sido más linda.
   Años después Shunko es un subsidiario más del símbolo y su abanico de sentidos, el símbolo que aúna  esta tierra brava, este cielo tan pleno y distante, este pueblo dividido e inconstante. Y sonríe Shunko y, cuando encuentra el trapo azul y blanco susurrando en manos de las brisas calientes de su lar, su corazón recita emocionado los versos de Juan Chassaing:

Página eterna de argentina gloria,
melancólica imagen de la patria,
núcleo de inmenso amor desconocido
que en pos de ti me arrastras,
¿bajo qué cielo flameará tu paño
que no te siga sin cesar mi planta?




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http://www.lanacion.com.ar/2620-shunko-evoca-a-su-maestro
http://www.lanacion.com.ar/1483532-un-simbolo-que-no-pierde-vigencia
http://anylaucuaderno.blogspot.com.ar/2014/03/a-mi-bandera.html