domingo, 30 de abril de 2017

Los mortales


Ella nos da zarpazos, dentelladas…
Primero es vida y nos arrebata la infancia,
la alegría, el amor,  la juventud, las ganas…
En su escabrosa huella vamos perdiendo dones,
incesantemente;
afanosos y necios deseamos la fuente,
la ajena fuente inagotable, como si fuera nuestra…

Hasta que empieza a acosarnos de cerca, 
como una jauría de invisibles dientes, 
a dentelladas sigue nuestros pasos y se lleva, 
un día innominado, 
al Elías de mansas timideces, 
la cara sin sonrojos de la Petaca, 
que fue mi amiga en la niñez esquiva,
(la Petaquita pálida y menuda, 
con la que compartimos un amor incierto 
por un galán de doce primaveras 
//galán esquivo que nos dejó el silencio 
y las preguntas 
y el ínfimo tabú de su recuerdo// ).
Después la Nancy. 
Sus labios finos, 
sus manos anchas picando la pelota, 
esa actitud de lucha, vivaz como una loba… 
y sin embargo…

Ahora es la muerte.
Viene gruñendo, 
viene a desbrozar el campo, 
a cosechar los locos corazones.

Seremos polvo en callado retorno 
a  la corriente imperturbable, 
girando, fluyendo, en el río de luz 
que nos reuniera por unos cuantos días.

Otra vez, acaso, 
nos reuniremos en un mínimo sueño, 
circunstancial y vívido, 
para después de nuevo desmigarnos, 
absurdamente eternos… 
                                       y mortales.

                                     -*-

2 comentarios:

  1. Que gran poema Gregoria. Tiene un ritmo delicado pero implacable. Uno navega con soltura por el verso libre. Hay una fuerte melancolía y hay ternura y finalmente angustia, claro. Te felicito. Muy buen trabajo. Gracias por tu visita. Nos leemos.

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